EL HOMBRE LOBO



es el primer estudio biográfico sobre Hermann Hesse, es su novela más desenfrenada e impactante, y en ella recoge la experiencia de toda su vida. Esta obra maestra es el dibujo perfecto de la elevadísima suma de su existencia. Es la obra cumbre de Hermann Hesse.


Pertenece a la literatura del siglo XX, caracterizada por la presencia de individuos pensantes y esclavos del mundo que presentan una conciencia y un mundo interior opuesto al destino.El lobo estepario nos muestra una época crucial en la mentalidad y en la conducta humana.


El autor nos sumerge en un viaje de angustias y miedos propios de la sociedad contemporánea. Su neomodernismo nos muestra una humanidad mil veces más sabia que la actual. El protagonista de la novela, Harry Haller, es un lobo estepario lleno de angustias y miserias que se mantiene distanciado de toda burguesía y totalitarismo. El lobo de las estepas es la corporización del hombre aporreado por su propio yo, un yo desconocido para él mismo. Este héroe angustiado tiene dos caras y va intercalándolas a la largo de la obra: unas veces es el lobo de las estepas y otras el sonriente Harry.


La confesión dirige el avance de la obra. Esta confidencia va dirigida a aquellas personas que ven la vida como un camino de experiencias y descubrimientos, no de repeticiones. Es un reclamo para que el hombre empiece a conocerse a través de esa dualidad descubierta por el protagonista y llegar así al fin ideal de todo ser humano: alcanzar una perfecta armonía entre ambas esencias: la corporal y la espiritual.


En la actualidad es una de las obras más leídas por los adolescentes, quienes descubren con su lectura un nuevo modo de enfrentarse a la sociedad, a los sentimientos y a la muerte.





BIOGRAFIA

El lobo estepario (1927) es acaso el más célebre de los títulos de Hesse e inicia sin duda la etapa de madurez de su obra: está construido a partir de las notas póstumas del artista Harry Haller, introducidas por los comentarios de un editor, y es un lúcido análisis sobre la locura de una época en la que muere lo viejo sin que haya nacido algo nuevo. Narciso y Goldmundo (1930), situada en una imprecisa alba del Renacimiento, presenta la contraposición de Narciso, el monje ascético, y Goldmundo, el artista, en una escuela monástica, donde traban amistad. Es la confrontación entre el mundo paterno, encarnado en el logos y la ciencia, y el arte maternal, que no representa una certeza sino una búsqueda de por vida.



Hermann Hesse fue un buscador durante toda su vida. Lo demuestra no sólo su gran obra poética, que en 1946 le hizo merecedor del Premio Nobel, sino también su biografía. En Calw, su ciudad natal, donde vino al mundo el 2 de julio de 1877, Hesse pasó sus años de juventud en el ambiente de la familia, que le marcaron y que se reflejan en muchos pasajes de sus libros. Maulbronn, Tubingia y Basilea fueron ciudades donde pasó otras etapas de su vida. En 1904 se trasladó a una granja en Gaienhofen, junto al lago de Costanza, para seguir viviendo allí como escritor autónomo. En 1911 realizó un viaje a la India y poco después se trasladó a Suiza, primero a Berna y después, en 1919, a Montagnola (Tessin), donde inició su periodo creativo más rico y donde murió en 1962. La superación de las crisis personales es uno de los puntos focales en la obra de Hesse, que también trata cuestiones de la religión y la política.

PELÍCULAS BASADAS EN EL HOMBRE LOBO

Resultado de imagen para la marca del hombre loboLa marca del hombre lobo” (Enrique López Eguiluz, 1968): Paul Naschy, al que siempre echaremos de menos, despertó el interés por el género en España ─y las alabanzas más allá de nuestras fronteras─ con su legendaria interpretación de Waldemar Daninsky, personaje que siempre quedaría ligado a su persona y al que daría vida once veces más. Más pasión y ganas de innovar que presupuesto y medios ─técnicamente la película tira por la tangente con unos riesgos casi vanguardistas en su momento─ en una propuesta en la que al protagonista le crecen los enanos, porque si no tuviese bastante con la maldición que le cae encima decide pedir ayudar a un médico y su esposa (Julián Ugarte y Aurora de Alba) que resultan ser dos vampiros, con los que librará una épica y tremebunda batalla final. Imprescindible, en una palabra.

 
Resultado de imagen para la maldicion del hombre lobo“La maldición del hombre lobo” (Terence Fisher, 1961): Fantástica propuesta licantrópica del maestro Fisher que bebe en parte de la novela de Guy Endore y que regaló a Oliver Reed, Leon Corledo en la ficción, el papel que necesitaba para convertirse en una estrella mundial. Técnicamente estupenda, destaca además porque aquí la maldición no viene de una mordedura directa, sino de la violación de una sirvienta (Yvonne Romain) por parte de un mendigo (Richard Wordsworth), resultando un bebé que nace con lo que deja de ser una maldición para convertirse en una enfermedad, explotando inevitablemente pese al mimo con que es educado por un adorable Clifford Evans. Años después, Freddie Francis le haría ojitos a este clásico con “La leyenda de la bestia” (1975), en la que una manada liquida a una familia pero cría al nene que deja huérfano. Aun siendo menor que aquella, resulta de lo más recomendable para un programa doble de nostalgia desatada.



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“En compañía de lobos” (Neil Jordan, 1984): Otro gran cineasta que decidió aportar su granito de arena al género peludo. De hecho, la jugada, onírica e hipnótica adaptación de la fábula de Caperucita ─aunque basada en la obra de Angela Carter─, puso al director en el punto de mira internacional. Maravillosamente extraña, perversa, el mundo de cuento que presenta fascina por lo evidente y por sus insinuaciones simbólicas, en una propuesta repleta de hallazgos visuales, musicales, técnicos y narrativos rematada por las fabulosas interpretaciones de Sarah Patterson y Angela Lansbury. Por supuesto, el circuito festivalero se rindió a la película en Sitges, Oporto, Roma y Avoriaz, además de contar con suculentas nominaciones a los BAFTA. Una gozada que seduce y aterra con su discurso sobre el fin de la inocencia y que treinta años después sigue sacando los colores a infamias como “Caperucita Roja (¿A quién tienes miedo?)” (Catherine Hardwicke, 2011).



“El hombre lobo” (George Waggner, 1941): La película que convirtió el personaje en un icono del séptimo arte. Seis años antes el estudio Universal había tocado el tema en “El lobo humano” (Stuart Walker, 1935), aunque fue la historia protagonizada por Lon Chaney Jr. la que se coló en el panteón de los clásicos imperecederos casi de modo inmediato. Maravillosamente atmosférica, beneficiada de un estupendo guion de Curt Siodmak y adornada por secundarios de lujo como un Bela Lugosi pre-abismo en la piel del gitano culpable de todo y Claude Rains dando vida al padre de Larry Talbot, una propuesta que cambió para siempre el significado de la luna llena en el corazón de los espectadores. Chaney, que impactó poderosamente por su transformación ─innovadora entonces, desarmantemente entrañable hoy─ repitió en “Frankenstein y el hombre lobo” (Roy William Neill, 1943), “La mansión de Frankenstein” (Erle C. Kenton, 1944) y “Abbott y Costello contra los fantasmas” (Charles Barton, 1948).



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